Hay tres tipos de peelings: superficial, medio y profundo.
La intensidad del peeling debe estar relacionada con la profundidad de las lesiones, pudiendo ser epidérmicas superficiales o dérmicas profundas y teniendo en cuenta el PH (grado de acidez o alcalinidad) de los ácidos utilizados; el tratamiento es de resorte cosmético o médico.
Durante el invierno hay un aumento de impurezas en la piel por disminución de sudor que colabora en la eliminación de toxinas y es justamente el periodo del año donde pueden realizarse los peelings y exfoliaciones profundas para evitar reacciones indeseables por efecto de los rayos solares (máculas o manchas).
Los peelings se realizan a base de blanqueadores (ácido fítico, kójico, arbutina, hidroquinona) y dispersantes que homogenizan el color de la piel (AHAS, mandélico, glicólico, cítrico, láctico, vitamina C y el ácido retinoico). Son tratamientos rápidos e indoloros. Dejan un cutis luminoso, uniforme y elástico.
Luego del peeling la piel recupera un estado saludable y queda óptima para una mejor penetración de los productos que se utilicen posteriormente (humectantes, revitalizantes, antioxidantes).
Son tratamientos exfoliantes suaves, ideales para realizar durante el verano por su bajo potencial de sensibilización y sus beneficios renovadores. Se pueden usar ingredientes como ácidos (láctico, mandélico, salicílico) y enzimas (de frutas) que ayudan a mejorar la textura, unificar el tono, hidratar y proteger la piel contra el daño solar.